sábado, 3 de marzo de 2012

Don't leave me. Parte tres.

Y aquí está la parte tres de la historia Dougie-Christine.
Sé que nadie me lee (Noelia, tú sí jajaja), así que es tontería poner nada más aquí. Hope you like it <3
PD: No sé qué le pasa que sale una fuente distinta y todo junto...buah, blogspot caca.

Nos rompemos continuamente. Somos frágiles, débiles, como un vaso de cristal. La diferencia es que el vaso se rompe y los trocitos van a la basura; cuando nos rompemos nosotros, siempre aparece alguien que nos recompone.

Llevo dos horas en mi sofá sentada mientras las imágenes de Dougie en el baño se repiten una y otra vez en mi cabeza.

Puede que exteriormente lo haya llevado bien, pero no termino de creérmelo. No quiero, no me da la gana aceptar que un amigo se machaca de esa forma a sí mismo y nadie le ayuda.

Lo cierto es que no sé qué hacer, por mucho que lo intente no me puedo comportar como si nada hubiera pasado...las marcas van a seguir ahí, quiera yo o no. ¿Y qué más podía hacer? Nada. Nunca he conocido a nadie con tal problema, no tengo ni idea de cómo reaccionar.

Salgo de casa y pienso en cómo distraerlo.

Quizás podríamos ir al cine, o a pasear por el parque...quizás me estoy obsesionando demasiado y deberíamos hacer lo de todos los días: pasar el tiempo en la casa.

- Sí, eso es lo mejor... - susurro antes de entrar.

Para mi sorpresa, los padres de Dougie están sentados en el salón con una cara bastante preocupante. No escucho a la pequeña corretear ni hay rastro del rubio, aunque eso último es normal.

- Christine. - me saluda él - ¿Qué tal?

- Bien...¿ustedes?

- ¿Sabías que nuestro hijo se corta?

¿QUÉ?

No tengo la más mínima idea de qué responder. Si digo que lo sé, puedo perder el trabajo y eso implica abandonar a Dougie. No, no voy a arriesgarme.

- ¿C-cómo?

- ¿Ves? Te dije que ella no lo sabía. - dice la madre – Hoy en la comida hemos visto algunas marcas en su muñeca. No entiendo por qué lo hace y no sabemos qué hacer. A lo mejor un nuevo psicólogo...

- No creo que necesite eso. - la interrumpo – Yo...puedo hablar con él e informarles luego. Pero no llamen a nadie, no por ahora.

- Está bien...

Asienten no muy convencidos y voy al cuarto de Dougie.

Tiene que saber que sus padres lo saben (si es que no le han machacado ya al enterarse) y hacer algo. Si vuelve a ver a otro psicólogo sí que se va a volver realmente loco.

- Has tardado muchísimo. - me dice – No sabes la que se ha liado...

- Tus padres se han enterado. - asiente - ¿Qué te han dicho?

- Nada. Se han limitado a señalar las heridas y discutir entre ellos. Ya sabes, que si nuevo psicólogo, que mejor un centro...

- ¿Un centro?

- Piensan que encima de loco estoy enfermo. Quieren internarme en un centro de rehabilitación. ¿Sabes lo que sería eso?

No lo sé, pero lo imagino. Dougie podría morirse del asco allí dentro. Bueno, Dougie y cualquier persona.

En otra circunstancia y con otra persona habría pensado que no hay otra solución, pero en este caso tengo que encontrar una alternativa. Lo último que necesita es ingresar en un centro y estar encerrado días o incluso meses.

- Les he dicho a tus padres que hablaría contigo y les informaría. Puedo decirles que estás bien y que fue un acto de rebeldía.

- No conseguirás nada...

- ¡Oh, vamos! - exclamo - ¿Te vas a quedar ahí parado mientras pretenden arruinarte la vida?

- Mi vida ya está arruinada Chris. Si te das cuenta no tengo nada por lo que luchar, me da lo mismo estar en un sitio de esos.

Su sinceridad me deja helada.

Piensa que nada vale la pena a su alrededor, lo piensa de verdad.

- Y yo qué, ¿eh? Me prometiste que seríamos amigos siempre.

- Te olvidarás de mí en dos días.

- Sabes perfectamente que no será así. - le digo – Por lo que veo se te ha olvidado todo lo que hablamos esta mañana.

- Sólo quiero concienciarme, ¿vale? Eres la única persona que tengo y me van a alejar de ti, ¿cómo quieres que esté?

- No te mandarán a ningún lado, confía en mí.

Tengo la enorme necesidad de abrazarlo, pero en vez de eso, salgo de la habitación para hablar con sus padres. Les voy a decir que fue un absurdo error, que no volverá a pasar, que le den una oportunidad...

- Ya hemos hablado. - ambos me miran – No deben tenerlo en cuenta.

- ¿Cómo? Mi hijo no está sano mentalmente y todo el mundo lo sabe. Es una vergüenza escuchar lo que dicen por ahí de él... - ¿eso era lo que les importaba? - Debemos mandarlo lejos.

- ¡No! Denle una oportunidad, no necesita más. Sabrá aprovecharla...puede cambiar.

Estoy más de media hora con ellos, les explico que en esos centros no ayudan a nadie y aunque no terminan de estar conformes, aceptan con la condición de que a la próxima no tendrán piedad.

La conversación que acabo de tener me parece subrealista, hablan de su hijo como si fuera un perro o un trozo de carne. Ahora más que nunca comprendo por qué se siente así.

- Como ya te dije, no te vas. - canturreo intentando subirle el ánimo.

- Debes ser buena convenciendo.

- Lo soy. - río - ¿Estás bien?

Asiente mientras se frota las manos y agacha la cabeza.

No soy muy astuta, pero se ve de lejos que me está mintiendo. Hay algo que le sigue atormentando, algo que necesita expulsar o terminará comiéndole por dentro.

- ¿Necesitas hablar? - se encoge de hombros – Podemos salir si quieres...

- Me conformo con mi cama.

Me dedica una sonrisa amarga y nos tumbamos en su cama. Uno al lado del otro. Dougie deseando hablar y yo deseando escucharlo.

Siento una conexión bastante grande en este silencio, y aunque parezca estúpido, sé que él siente lo mismo.

- Siento que no tengo solución. - confiesa – Me comporto como un adolescente y ya no lo soy...tendría que estar en la universidad, o trabajando. Quizá conociendo mundo...y mírame.

- Las cosas no siempre salen como queremos. De hecho, salen como al destino le da la gana.

- Por lo que veo el destino me odia.

- No lo creo, simplemente te está poniendo a prueba. - dudo un segundo – Y la estás superando.

No se esperaba esa respuesta, en parte ni si quiera yo lo hacía.

Pero creo que es cierto, Dougie es un chico fuerte a pesar de todo. ¿Quién ve fantasmas y sigue su vida así como así, sin afectarle?

- Si yo estuviera en tu situación...probablemente habría ido más allá de los cortes. - miro al techo – Eres muy valiente.

- ¿Estás de coña?

- ¡No, para nada! No es que me parezca bien lo que haces...pero no lo veo un acto de cobardía.

- Serás la única...

- Puede.

Un cómodo silencio adorna la habitación.

Me siento bien así, aunque todavía tengo varias preguntas en mente. Ya que estamos siendo sinceros...quiero saberlo todo.

- ¿Por qué empezaste?

- Acoso escolar. - no piensa, contesta rápido – Digamos que no confié en quien debía. Le conté a mi mejor amigo lo que veía y él lo utilizó para convertirme en el objeto de burla de todo el instituto.

- La gente es demasiado cruel. - asiente – No deberías de darles el gusto de verte mal.

- No es de mi agrado hacerlo, lo prometo.

Sé que lo dice en serio, supongo que no tiene otra opción, que no sabe manejar la situación de otra forma. Pero tengo miedo. Por ahora ha tenido suerte y no le ha pasado nada en estos años, pero todos sabemos que podría pasarle.

- Lo sé, pero tienes que parar. - trago saliva – Podrías contar hasta cien cuando te sientas así.

- Christine, eso no ayuda. Cuando te sientes así y sabes que cortar va a relajarte, tienes que hacerlo. Lo necesitas. Es algo así como los drogadictos. - río ante su comparación – Bueno, más o menos.

- Una parte de mí lo entiende.

- ¿Y la otra?

- La otra no quiere que sigas haciéndote daño físico para calmar lo que hay en tu interior.

Giro la cabeza a la vez que él lo hace y nos quedamos mirando fijamente.

Puedo decir que “relajación” es la palabra que definiría este momento. Es increíble lo tranquila que me hace sentir...

- Sé lo que es estar mal y no querer que el resto lo vea. Las falsas sonrisas, los abrazos fingidos, el típico “estoy bien” cuando por dentro solo quieres esconderte bajo las sábanas...yo también he pasado por eso. No con tanta intensidad, pero lo he hecho.

- Sólo quiero sentirme bien conmigo mismo para que los demás también puedan hacerlo.

- Yo me siento bien contigo.

Sonríe tímido y se muerde el labio inferior, está muerto de vergüenza.

Gestos como esos me hacen gracia, le dan un aire infantil que las personas de nuestra época han perdido. Ahora todos son iguales, nadie tiene inocencia ni bondad...pero Dougie está lleno de ambas.

- ¿Sabes? Acabo de pensar que sí que necesitas un psicólogo. - su cara cambia a sorpresa – Y voy a ser yo.

- ¿Qué? - comienza a reír – Me habías asustado, idiota.

- No estoy de broma. La terapia empieza hoy con un paseo, ¡vamos!

No dejo que diga nada, lo arrastro literalmente hasta la calle y andamos en silencio.

Dije que no haría nada fuera de lo normal, pero lo cierto es que me apetecía salir con Dougie a dar una vuelta. Como hacen los amigos.

- ¿Quieres un helado? - pregunté señalando al final de la calle – Allí los hay de todos los sabores.

- Pues vamos.

Entramos en la pequeña heladería y miro todos los sabores que hay. Para qué mentir, los helados son mi pasión y se me salen los ojos. Dougie los inspecciona y hace comentarios en voz baja, no hay ni uno que le guste.

- Qué complicado eres.

- Lo sé. Es que son muy típicos...

- ¿Y qué quieres, helado de mierda de burro?

- ¡Eres una puerca!

Comienza a reír a carcajadas y sus ojos se achinan, una de las cosas más adorables que he visto nunca.

Compramos nuestros helados (al final el señor original se lo pide de chocolate) y caminamos sin rumbo. Apuesto lo que sea a que no quiere volver a su casa, por lo que me alejo lo máximo posible de esa dirección.

- Algún día inventaré un sabor nuevo. - dice – Algo que nadie se espere.

- Como por ejemplo...

- Sabor Dougie. - asiente orgulloso – O sabor Chris.

- O sabor...¿Douris? ¿Doutine? ¿Chrigie? ¿Chrougie? - río escandalosamente en mi intento fallido de juntar nuestros nombres - ¿Y a qué sabe eso?

No sé cómo, pero juro que ahora mismo nos estamos besando.

Ha sido cuestión de segundos, o incluso menos, pero los labios de Dougie han impactado contra los míos y yo no los he rechazado.

Nunca había pensado en él como algo más, ni si quiera me había imaginado el típico beso de mejores amigos cuando están borrachos. (Y eso que soy mucho de imaginar)

Pero ahora...sus labios son tan blanditos y calientes que es imposible rechazarlos. Y el beso sabe a la mezcla de nuestros helados; a menta con chocolate.

Nos separamos lentamente y la que siente vergüenza esta vez soy yo. A lo mejor no le ha gustado y me da cosa mirarle a la cara, debo estar como un tomate.

- A esto sabría el helado, supongo... - susurra.

- Me gusta. - admito – Aunque el helado de menta con chocolate ya existe.

- Pero no sabe tan bien.

Sonrío a la vez que mis mejillas siguen encendiéndose y levanto la cabeza en busca de su mirada. Puedo saber todo lo que piensa con solo mirarle, y el brillo que tiene ahora mismo en sus ojos es una de las cosas más bonitas que he visto.

- Estás feliz. - afirmo.

- Puede. Gracias.

- No las des, te ves mucho más guapo así. - su sonrisa se ensancha – Creo que voy a dejar de ser tu niñera y me voy a hacer psicóloga.

- ¡No eres mi ñiñera!

- ¿Ah no, y entonces? - me burlo.

- Pues...eres mi amiga, mi mejor amiga.

Lo abrazo con mucha fuerza y le hago saber que el cariño es recíproco.

El beso no ha sido más que otra muestra más de ese cariño y no nos vamos a parar a pensar en ello ni a analizar lo que hemos sentido. Es muy pronto para adelantar las cosas.

Y es que, si el destino quiere, algún día, quizá dentro de muchos años, seremos algo más que mejores amigos. Hasta entonces, ¿por qué no disfrutar de momentos como este?

domingo, 5 de febrero de 2012

Don't leave me. Parte dos.

¡Por fin me digno a subir la segunda parte!
Ya sabéis los motivos de mi tardanza, así que...me limito a darle las gracias a las que siempre comentan/leen (SOIS MÁS CUQUIS QUE-QUE-QUE...) y nada, espero que os guste. ¡Ya sólo queda una parte, y en mi cabeza es interesante! xDDDDDDDD
Loffffffff <3


Las cosas cambian, el mundo gira. Nosotros hacemos de un simple grano de arena, una gran montaña. Ellos recogen cada granito para que el mundo gire en el sentido que queramos.

Llevo casi un mes trabajando en esta casa y aún no me he aprendido dónde está cada cacharro. Supongo que no estoy acostumbrada a tener una cocina tan grande...

Las cosas con Dougie han avanzado bastante, o por lo menos eso piensa su madre.
Según ella, el hecho de que su hijo coma todos los días le parece más que impresionante; y es que al parecer el rubito no comía muy a menudo. Hasta que llegué yo, claro.

Me alegro de que su familia esté algo más contenta gracias a mí, porque esto dejó de ser un trabajo hace mucho.
Hablando con Dougie, descubrí que tenemos gustos muy parecidos. Ya sea en música, películas o deportes, nos gustan las mismas cosas y eso ayudó bastante a que se abriera a mí. Si no me equivoco, todo va sobre ruedas. Y mi economía ha subido bastante, para qué negarlo.

Saco las llaves de mi bolso y entro en casa de los Poynter con toda la confianza del mundo.
Los padres y la hermana de Dougie casi nunca están cuando llego, por eso me dieron una llave. Creo que cada día hacen una actividad nueva, o por lo menos eso pone en el calendario que hay pegado en el frigo.

– ¡Dougie, ya he llegado! - a veces sueno a marido trabajador - ¿Dougie?

Al ver que no contesta subo las escaleras tranquilamente, lo más seguro es que esté con los cascos puestos a todo volumen y no se entere de nada.
Entro en su cuarto y lo busco con la mirada, pero no está. ¿Lo peor de todo? Que su cama está deshecha, la ropa tirada por el suelo, un sacapuntas tirado roto por la mitad en la mesilla...

Me bastan cinco segundos para darme cuenta.
Y ahí es cuando mi corazón se para y mi cabeza se bloquea, porque Dougie ahora está bien, porque no puede haber hecho ninguna locura, y menos esa.

– Qué tonta soy...confío en él, claro... - intento autoconvencerme.

Aun así, decido acercarme a la mesilla, comprobando que mis pensamientos son totalmente lógicos y saliendo disparada hacia el baño.
La puerta ni si quiera está cerrada, por lo que puedo verlo tirado en el suelo sollozando mucho antes de entrar.

– ¡Dougie! - me tiro a su lado - ¡Eres un idiota!

Él está hecho un ovillo sobre el frío mármol, con la cara cubierta de lágrimas y esa maldita cuchilla que le ha quitado al sacapuntas.
Puede que gritarle no sea lo mejor en este momento, pero la impotencia al verlo ahí, tirado en el suelo, sabiendo perfectamente lo que había o estaba intentando hacer era algo que podía conmigo.

Le quito rápidamente la cuchilla de la mano derecha y observo sus muñecas. La derecha intacta, la izquierda llena de cortes.

– No...¿por qué haces esto, eh?

Como es normal, sigue llorando sin decir nada, ni si quiera se mueve. Y es ahora cuando comprendo las palabras de su madre: “Dougie es difícil de tratar. He probado con todo y ya no sé qué hacer...” Supongo que no es la primera vez que lo hace, que los psicólogos han decidido que no tiene remedio y que me esconde muchísimas cosas.
En ninguna de nuestras largas charlas me mencionó nada, y lo peor es que yo tampoco me he dado cuenta.

– Vamos, levanta. Voy a curarte.

– ¡No! - intenta gritar, pero su voz es un susurro - ¡No, déjame aquí!

– No voy a dejarte así, no quieres que lo haga.

– Sí quiero, sí quiero...

Y vuelve a llorar, esta vez más fuerte.
Me siento tan inútil que estoy a punto de huir. ¿Acaso hay algo más fácil? Si lo ha hecho antes y no le ha pasado nada...puede sobrevivir, sabe cómo hacerlo.

Sacudo levemente la cabeza y lo miro de nuevo.
Dougie, ese chico de mi edad que debería de estar en la facultad buscando un futuro, el que debería estar rodeado de chicas y amigos, el que tendría que estar acompañado por su familia ahora mismo, está roto. Roto a mi lado, prácticamente entre mis brazos.

Decido levantarlo, en cierto modo los cortes no me preocupan, me preocupa él.
Me preocupa lo que ha hecho y por qué lo ha hecho. Tengo tantas preguntas que hacerle...

– Te voy a levantar. - le aviso – Si me ayudas, mejor.

Intenta resistirse, por un momento me creo que quiere quedarse ahí tirado con el brazo lleno de sangre y su cuerpo temblando. Pero me da igual, por eso lo intento de nuevo. Y otra vez. Y todas las veces que hacen falta hasta que lo tengo sentado, con su espalda apoyada en la pared.

– Voy a curarte. - repito.

– No...no es nada...

– Sí que lo es. - intento no perder la calma – Dougie, deja que te cure.

– No lo necesito, no deberías tan si quiera haber llegado tan pronto...

¿Me está diciendo indirectamente que he impedido que se suicide?
Busco su mirada, pero no la encuentro. Está totalmente perdido, puede que incluso enfadado conmigo por haber parado su estúpido plan de cortarse las venas.

– ¿Sabes? Te vas a bañar. - me pongo en pie – Y me da igual lo que digas.

Sí, puede parecer que estoy loca, pero es lo primero que se me ha pasado por la cabeza. El agua calmará un poco las heridas, y de paso, hará que su pelo brille como antes.

Lleno la bañera de agua templada y giro para ver si se está desnudando, pero sigue en la misma posición. Sé que no va a ceder, pero estoy dispuesta a obligarlo si hace falta. Necesito que se relaje y me lo cuente todo...

– No creo que quieras lavarte con ropa. - digo – El baño te relajará.

Se queda en silencio, quieto como una estatua, frío y distante. Como si fuera un Dougie diferente.
Cuando llegué a esta casa no encontré a un chico extrovertido ni nada que se le acercase, pero desde luego ese chico no se parecía ni en el blanco de los ojos al que tengo delante.

– No. - responde al ver que lo observo.

– No pareces Dougie. ¿Sabes por qué? - niega con la cabeza – Antes...ayer mismo, había un brillo de esperanza en tus ojos, hoy ni si quiera me dejas verlos.

Al parecer mis palabras han funcionado y consigo que levante la cabeza, consiguiendo que me mire. Sus ojos han perdido color, se ven tristes, apagados...puedo sentir cada uno de sus miedos dentro de mí. Están rojos de tanto llorar, del dolor que tiene guardado y no quiere compartir con nadie.

– No puedo más. - dice antes de volver a llorar.

– N-n-no...dime qué quieres, qué necesitas. Hablemos. - me estoy poniendo nerviosa – Intentaré ayudarte...

– Un abrazo.

No hace falta ninguna explicación, mis brazos se abren automáticamente y en menos de un segundo Dougie está refugiado en ellos.
Ahora llora con fuerza, echando toda la mierda que lleva dentro y dejando que yo sea consciente de su estado. Me aprieta fuerte, como si quiera evitar que me fuera o que lo abandonara, cosa que no haría nunca.

– Todo va a estar bien...pero primero tienes que bañarte. Por favor Dougie, hazlo por mí.

Permanecemos abrazados.
Él en silencio y yo esperando una respuesta. La respuesta llega cuando el llanto se calma y se separa asintiendo, lo que me hace suponer que ha accedido al baño.

– No voy a mirar mientras te metes, pero no pienso irme.

Me giro para que se quite la ropa con tranquilidad e intento recomponerme.
Nunca había estado en una situación así, y menos con alguien que quiero. Porque sí, no lo conozco de hace años, pero se ha convertido en alguien especial, casi en mi única compañía. Casi todas las noches me duermo pensando en las conversaciones que nos depara el día siguiente, pero nunca me imaginé algo así, ni en mis peores pesadillas.

– Ya. - escucho detrás de mí.

Vuelvo a girar y lo veo en la bañera; con las rodillas pegadas al pecho, medio balanceándose. Debería irme, dejarlo en su momento de intimidad, pero tengo miedo de que vuelva a hacer una locura.

– ¿Me dejas que te limpie lo del brazo? - pregunto.

Como no dice nada, supongo que es un sí.
Cojo las cosas necesarias y me siento lo más pegada posible a la bañera. El suelo está congelado, no sé cómo ha estado tirado ahí, llorando y haciéndose eso...me estremece pensarlo.

– Trae anda, que vaya estropicio te has hecho...

Intento quitarle hierro al asunto, y no sé si funciona, pero Dougie se gira un poco y me tiende su brazo izquierdo.
Miro los cortes, no son nada profundos, él no quería matarse, sólo hacerse daño. Echo un poco de agua y presiono, lo que produce que haga una mueca bastante graciosa.

Sonrío mientras me observa.
Ahora mismo, aquí, teniéndolo así, se ve más vulnerable que nunca. Dudo que muchas personas hayan tenido la suerte de conocer al verdadero Dougie Poynter, y estoy segura de que yo soy una de las primeras. (Sino la única)

– Gracias. - me dice cuando termino.

– No hay de qué.

No hay esperanza de una nueva conversación, así que decido echarle un poco de jabón y lavarle el pelo.
Para mi sorpresa no dice nada, ni si quiera se muestra sorprendido. Simplemente se relaja y llora en silencio, ahogando miles de pensamientos dentro de sí mismo.

– Esto es vergonzoso. - admite – Soy patético.

– ¿Por qué?

– Has visto lo peor de mí. Y para colmo, ahora... - echa un vistazo rápido a la esponja – No deberías de hacerlo Christine.

– Lo hago porque quiero. Para eso están los amigos, ¿no?

– Yo nunca lavo a mis amigos, ni...

– Calla. - le interrumpo – Ya te dije una vez que para todo hay una primera vez.

Con esa última frase consigo sacarle una sonrisa, y eso hace que me sienta bastante mejor.
Cuando termino, dejo que salga y se seque mientras le busco algo de ropa, un pijama seguramente sea lo que necesita.

– Aquí tienes. - lo mira detenidamente – Pensé que estarías más cómodo...

– Sí, gracias.

Preparo dos tazas de chocolate caliente mientras él se acurruca en el sofá.
Quiero preguntar, saber, resolver todas las dudas que asaltan mi cabeza. La primera y más importante: ¿por qué? ¿Por qué lo ha intentado? ¿Qué motivos tiene? Quiero que me cuente tantas cosas...pero sé que no puedo preguntarle por ninguna, no ahora.

– ¿Qué es? - pregunta cuando llego – Oh, no lo digas, chocolate.

– Correcto.

Según las veces que he mirado al reloj, puedo calcular que llevamos veinte minutos disfrutando de nuestra taza de chocolate completamente callados.

– Lo hice porque estoy harto. - su voz me sorprende – Las cosas se complican y nadie lo entiende. Siento que me estoy volviendo loco...

– ¿Te refieres a los fantasmas? Ellos...¿te quieren hacer daño? - me siento estúpida hablando de esto.

– ¿Qué? ¡No! El problema lo tengo con los vivos, los muertos me tratan demasiado bien.

La sinceridad con la que me lo dice, hace que millones de escalofríos recorran mi cuerpo.
En todo este tiempo no he dudado de él, pero ahora sí que estoy segura de que ve fantasmas. Y entiendo a lo que se refiere con el problema que tiene con los vivos, lo entiendo perfectamente.

– Yo confío en ti Dougie, sé que no estás mal de la cabeza.

– ¿Puedes repetirlo? - me mira directamente a los ojos, buscando mi verdad.

– Confío en ti. Ahora y siempre.

Su expresión me deja ver que no se lo esperaba, creía que le mentía, que lo hacía para que siguiera a lo suyo y se callara un rato. Pero no es cierto, claro que le creo, Dougie no necesita ningún psicólogo, tiene un don y nadie sabe apreciarlo.

– Ojalá todos fueran como tú. - dice mirando una foto de su familia – Ellos huyen del problema continuamente. No me creen y envían a otros para que se coman el marrón.

– Te quieren.

– No lo demuestran. - me corta – Eres la única persona que ha confiado en mí, la única. Nadie más habría hecho lo que tú has hecho ahí arriba, en el baño. ¿Salvarme? ¿Curarme las heridas? Y bueno, bañarme...cualquiera se habría ido dejándome ahí solo.

– No hubiera podido hacer eso. Sé que nunca te lo he dicho, pero pensaba que no era necesario. - hago una pausa – Eres especial para mí Doug, eres una persona increíble y...por favor, no vuelvas a intentarlo.

Toco su muñeca con cuidado por si le hago daño y le miro suplicante.
No quiero que se haga daño nunca más, por muy desesperado que esté, por mucho que necesite tranquilizarse...haré lo que haga falta para que esté bien y no vuelva a hacerse nada parecido.

– Por favor. - repito.

– Lo prometo.

Asiento conforme y acaricio su pelo.
Está mucho más suave de lo que nunca habría podido imaginar, y todo gracias a ese baño. Cierra los ojos ante el contacto de mi mano en su mejilla y se me escapa una sonrisa. Dougie es adorable, me encantaría tenerlo de amigo para toda la vida.

– Quiero que me prometas otra cosa. - abre los ojos confuso – Si dejo de trabajar aquí...tendremos que seguir siendo amigos. Para siempre, ¿está claro?

Sonríe de oreja a oreja y la puerta de la entrada se abre dejando ver a la familia feliz.
Dougie esconde sus cortes con su camiseta y yo intento fingir que no ha pasado nada.

– ¿Qué tal las compras? - pregunto con voz nerviosa.

– Genial, han sido de provecho. ¿Vosotros bien?

– Más que eso. - responde Dougie – Hemos estado hablando y poco más...

Ahora que sus padres están aquí, decido irme a comer a casa.
Volveré por la tarde, estaré completamente recuperada del shock y haré como si no hubiera visto nada. Porque hoy no ha pasado nada, claro que no.

– ¡Volveré por la tarde, señora Poynter! - no me acostumbro a tutearla – Nos vemos luego, rubito.

Él asiente con una triste sonrisa y me viene a despedir hasta la puerta, cosa que nunca hace. Creo que se siente solo cuando me voy, la atención que sus padres le dan no es suficiente, y mucho menos cuando se centran en hacerle quedar por loco.
Levanto la mano a modo de despedida y cojo mi camino de vuelta cuando su voz hace que me gire.

– Tú también eres especial, Chris.

Cosas tontas que pueden hacer que tu sonrisa no se vaya en un largo periodo de tiempo.


jueves, 29 de diciembre de 2011

Don't leave me. Parte uno.

I'm baaaaaaaaaaack.
No, no traigo la segunda parte de "Real world", pero tiene su explicación: no va a haber segunda parte. Estuve ayer intentando escribirla, intentando sacar algo...y me di cuenta de que no pega escribir otra parte, lo único que quería plasmar era que nos mienten día a día cuando nos dicen que el físico no importa y que hay que ser uno mismo en todo momento.
¡Pero os traigo otra historia! e.e Será de tres partes (o al menos eso tengo en mi cabeza), su protagonista es Dougie y está narrada por una chica. Ya me diréis qué tal.
PD: Esta primera parte es larga...cinco páginas de word. Wow. (?)

Cuando la oscuridad nos atrapa, cuando parece que nada puede salvarnos, cuando nadie nos cree. Ese es el momento en el que estamos completamente perdidos.


Hay cosas que nadie hace, cosas que están supuestamente prohibidas, tradiciones que nadie quiere romper. Y esas cosas siempre te persiguen.


Cuando eres pequeño, tienes prohibido meter los dedos en los enchufes y eres un niño extraño si no te gusta el azúcar. Cuando vas al instituto, tienes prohibido fumar y te tachan de freak si no te gusta ir de fiesta cada Sábado. Y a mi edad, con veinte años, tienes prohibido vivir a tu manera, y eres raro si no tienes un novio con el que planees el futuro.


En mi caso se me podría considerar el bicho más raro del universo, porque no cumplí nunca ninguna de las cosas antes mencionadas.

Me gustaba meter los dedos en los enchufes, nunca llegué a electrocutarme; fumé más de una vez cuando las cosas no iban bien en casa y ahora, vivo como quiero y no tengo pareja. ¿De verdad la sociedad piensa que es necesario? Porque yo no.


Vivo sola desde hace un año y medio y no tengo un trabajo fijo.

Según esa maravillosa sociedad, debería de sentirme la peor mierda del mundo y volver a casa de mis padres para poder vivir mejor. La cosa está en que a mí no me importa vivir del día a día, al revés, disfruto más de lo que todos piensan.

A pesar de todo, cuidar a personas enfermas o con problemas de vez en cuando no es tan malo, ¿no?


Ahora mismo estoy caminando hacia la casa de los Poynter.

Dejé miles de carteles en los alrededores para ver si alguien me contrataba, y esta familia ha sido la afortunada. Al parecer tienen un hijo problemático y necesitan mi ayuda.

Llamo a la puerta y en menos de diez segundos una mujer rubia aparece tras ella.


– Buenos días. - me dice sonriente - Tú debes ser Christine, ¿no?

– Sí, y usted la señora Poynter.

– Pasa, pasa.


Entro mostrándole una sonrisa y observo con detalle cada rincón.

Cuando me contrata una familia y tengo que trabajar en la casa, me gusta asegurarme de que no hay nada raro en ella, no quiero problemas que no me pertenecen.


La casa se compone de la planta baja, donde hay un enorme salón decorado de forma bastante común y familiar, una gran cocina limpia y reluciente y lo que parece ser un pequeño trastero. Supongo que en la parte de arriba estarán todas las habitaciones y el baño...


– Wow, su casa es preciosa.

– Gracias. - contesta - ¿Quieres algo de beber?

– No, gracias.


Se acaba de producir uno de los silencios más incómodos de mi vida.

Se supone que es ella la que tiene que hablar conmigo, comentarme el problema de su hijo, decirme qué tengo que hacer...pero no habla.


– ¿No hay nadie en casa? - pregunto.

– Sí, mi marido Sam está con Jazzie en el jardín y Dougie está en su habitación.

– ¿Dougie es el pequeño del que debo cuidar?


Su cara se torna un poco pálida y tengo miedo de haberla cagado al pronunciar el nombre del chiquillo. Si hubiera elegido otro no costaría tanto decirlo...


– Verás...Christine. - se frota las manos – Mi hijo no es pequeño. De hecho...¿cuántos años tienes?

– Veinte recién cumplidos.

– Exactamente los mismos que él.


Abro los ojos de forma desmesurada. ¿Tengo que cuidar a alguien de mi edad? No me molesta, pero nunca lo había hecho...

He cuidado niños pequeños, bebés, ayudado a algún que otro adolescente pirado e incluso ancianos, pero eso era algo demasiado extraño. Una persona de mi edad no necesita ayuda de otra persona de la misma quinta...


– Eh...yo...

– No te eches para atrás sin escuchar el problema, por favor. - me suplica – Ya no sé qué hacer y...

– Está bien, cuénteme.

– Dougie nunca ha sido un chico problemático, de hecho, siempre pensé que sería el típico hijo que te hace estar orgullosa por todo lo que consigue. - sonríe amargamente – Pero...de hace cuatro años para acá, bueno...dice que escucha voces, que ve fantasmas.

– ¿Có-cómo?

– Le hemos llevado a psicólogos, a la iglesia, hemos intentado convencerlo de que es una locura y no hemos conseguido nada.

– No sé qué decir... - contesto – Nunca se me ha presentado algo así, no sé si soy capaz. Ni si quiera sé qué pretende que consiga.


Lo cierto es que ahora mismo solo quiero correr y olvidar todo lo que me está diciendo esta mujer.

¿Que el chaval ve fantasmas, que escucha voces? Sí, es bien cierto que tiene un problema pero yo no puedo solucionarlo...


– Sólo me gustaría que pasaras un tiempo con él. Que le entretengas, no sé...pasa muchas horas ahí encerrado, solo. No quiere ver a nadie...

– Yo...lo entiendo, de verdad. Pero no sé si puedo hacerlo.

– Por favor...sé que eres una buena chica, puedo verlo en tus ojos. - me coge de las manos – Sube e intenta hablar con él. Si pasa algo o no quieres volver, lo comprenderé.


Le sonrío sin muchas ganas y decido hacerle caso.

No es que me haga ilusión este trabajo, pero tengo que reconocer que no puedo dejarla tirada así como así. Por lo que me ha dicho lo está pasando bastante mal, y tiene otra hija...al menos debo intentarlo.


– ¿Puedo pasar? - digo llamando a la puerta.

– Supongo que sí.


Entro cuidadosamente y puedo ver al tal Dougie sentado en su escritorio con un cuaderno abierto y bolígrafo en mano.

Su cuarto está bastante ordenado, al revés de lo que yo pensaba. Tiene la estantería llena de fotos con su familia y amigos, algún que otro libro...y muchísimos discos.


– Mi madre te ha contratado para cuidarme, ¿verdad? - habla mientras escribe – Pensarás que soy penoso...

– ¿Por qué?

– Tengo veinte años. Joder, se supone que soy adulto y esas cosas y...me vas a cuidar...¿tú?

– Eh, listillo. - le contesto bromeando – Que tengo tu edad y no lo considero cuidar, simplemente hacer amigos.

– Ya, amigos. Como si fuéramos a llegar a serlo.

– ¿No sería posible?


Se queda en silencio unos minutos, minutos interminables.

Suelta el bolígrafo y se gira; me quedo observándolo. Tiene el pelo rubio, aunque parece no habérselo lavado en unos días; sus ojos de color gris azulado están acompañados de enormes ojeras y sus labios parecen finos y delicados.


– ¿En serio no quieres salir corriendo? - pregunta extrañado – Supongo que mi madre te habrá contado lo que pasa.

– Sí, y no es motivo para correr. Por lo menos yo no creo que lo sea.


Se encoge de hombros y curva los labios haciendo una mueca bastante graciosa, creo que debo darle una oportunidad. Lo máximo que puede pasar...¿qué es? ¿Que me haga pensar lo mismo? Chorradas.


– Entonces...¿aceptas que venga a partir de mañana?

– Claro...no creo que tengas más opciones.

– Hasta mañana entonces.


Le muestro mi mejor sonrisa y él vuelve a su cuaderno sin tan si quiera despedirse.

En otra ocasión me habría molestado, no me gusta la gente que tiene mala educación y me cabrea que no se despidan de mí, pero...Dougie tiene un verdadero problema, no creo que despedirse de mí sea su mayor preocupación.


Bajo las escaleras y veo a su madre esperándome nerviosa. Me alegra poder decirle que mañana estaré de vuelta y que haré todo lo posible por alegrar un poco a su hijo.


– ¿Qué tal? - pregunta acercándose.

– Creo que...bueno...a partir de mañana tendrá que hacerme un hueco.

– ¿De verdad? - sonríe – Muchas gracias, te pagaremos muy bien y puedes comer aquí todo lo que quieras. Gracias.

– No tiene importancia, me gustan los retos.


Sus ojos están acuosos, y sin poder evitarlo le doy un ligero abrazo al despedirme de ella.

En cierto modo me recuerda a mi madre, ella siempre tan preocupada por mí y porque yo fuera alguien en la vida. Siempre ha querido que cumpla mis objetivos, y el que tengo ahora mismo es hacer a Dougie una persona normal que pueda sonreír.


***

Son las diez de la mañana y mis cereales de chocolate me esperan en la encimera con muchas ganas de ser engullidos.


Los cojo y me siento en uno de los taburetes, pensando en el día que me espera.

Es mi primer día de trabajo con la familia Poynter, y aunque ayer mis pilas estaban cargadas, hoy estoy acojonada. No se me ocurre cómo hacer que ese chico se olvide de las tonterías que dice que ve o escucha, no soy psicóloga ni nada por el estilo, ni si quiera creo que la gente pueda ver a los fantasmas.


Dejo las cosas en el fregadero y voy a mi habitación.

Camiseta ancha, pitillos y converse es mi combinación favorita, la que nunca falla. Me peino un poco, me hago la raya y tras coger mi pequeña mochila de siempre, parto rumbo a mi trabajo.

Cuando llego, me encuentro a toda la familia (menos Dougie, claro) saliendo con mochilas, cestas y cosas por el estilo.


– ¡Christine! Nos vamos de picnic, pero Dougie no quiere venir... - agacha la cabeza - ¿Te importa quedarte aquí?

– Claro que no, es mi trabajo.

– Hay comida en la cocina, ya está preparada. Si no quiere comer...no le obligues, ¿vale? Suele pasarle.


Asiento todo el rato mientras ella me avisa de lo que puede pasar.

Es como si Dougie tuviera ocho años y fuera a destrozar la casa, no para de darme números de teléfono como el de la policía o los bomberos. Puedo afirmar que tengo miedo.


Después de diez minutos, la familia se monta en el coche y toma su camino. Yo subo rápidamente las escaleras y pienso un tema de conversación para sacarle a Dougie, aunque no se me ocurre nada.


– ¡Buenos días! - exclamo.

– ¿Ya se han ido?

– Sí...pensaba que irías con ellos.

– No. Ya sabes, la familia feliz tiene que hacer su perfecta comida, que vaya yo no tiene sentido.


Lo afirma tan convencido mientras mira por la ventana que por un momento pienso que va a girarse enfurruñado y me va a dar dos bofetadas; pero lo único que hace es girarse y regalarme una triste sonrisa para después sentarse en su cama.


– Y...bueno, ¿te apetece hacer algo en especial?

– No tienes que hacerlo. - responde – No tienes por qué pasar tiempo con un loco si no quieres.

– Esto lo hago porque quiero, nadie me obliga. Y deja de decir que estás loco.


Creo que he sonado demasiado borde, pero este chico es la persona más derrotista que he conocido nunca. En parte creo que es culpa de sus padres, no parece que le hayan dicho cosas buenas muy a menudo...supongo que es lógico que se machaque de esa forma.


Hemos pasado tres horas en su habitación; él con su maldito cuaderno y yo mirando a la nada. Pensaba que me hablaría de sus paranoias, de lo que escuchaba, de algo...pero ni si quiera se limita a mirarme.


– Es hora de comer...¿bajamos? - asiente – Genial...


No sé si la sopa está buena, mala, fría o caliente, pero Dougie se la está comiendo como si hiciera días que no prueba bocado. Yo he preferido no probarla, no me apetece comer nada tan temprano.


– Eso de comer era una excusa, ¿verdad? - me dice – Siento no darte conversación, pero...

– Bah, no importa. ¿Sabes? Pareces más joven de lo que eres.

– Ya, parece que tengo quince años, todos me lo decían.


Al parecer la he cagado, porque sus ojos se tornan de un color más oscuro y parece que tiene ganas de llorar. No pretendía hacerle daño, ni si quiera le he dicho nada malo...


– Eh, no te lo tomes a mal. A mí me pareces muy guapo.

– No te cachondees, por favor. - se sonroja.

– ¡Como si nadie te lo hubiera dicho nunca!


Y su mirada me lo confirma: nadie lo ha hecho. Nadie ha sido capaz de reconocerle que es adorable cuando se sonroja, ni que tiene ojos bonitos...nadie le ha dicho que es guapo.


– Siempre hay una primera vez. - respondo – Y lo digo totalmente en serio.

– Gracias, tú también lo eres. Aunque a ti sí que te lo habrán dicho.

– Lo cierto es que no mucho. Quitando a mi madre, claro. - río – Para ella soy Miss Universo.


Sonríe levemente y eso hace que me sienta satisfecha, al menos he conseguido un intento de sonrisa.

Deja el plato vacío en su sitio y decido sentarme en el sofá, esperando que haga lo mismo y se siente al lado. Quizás tengamos más en común de lo que ambos pensamos...


– No me creo que tu madre sea la única que te haya dicho guapa. - susurra al sentarse conmigo.

– Es lo que hay. La gente puede ser muy cruel y superficial.

– Y que lo digas... - asiente – Entonces...¿nunca has tenido novio?

– Alguna tontería. De hecho, una vez me tiré al novio de mi hermana.

– ¡Golpe bajo!


Sonreímos sin muchas ganas y recuerdo aquel verano.

Pasé muchos años sola, viendo cómo mi hermana era la guapa y yo la lista o la rara. Sintiendo un pinchazo cada vez que alguien me llamaba gorda o fea, cada vez que se reían de mí. Supongo que tirarme a su novio fue una estúpida forma de vengarme.


– ¿Tú nunca has tenido novia? - me atreví a preguntar.

– Sólo una, Sandy. Era la chica perfecta y me quería a mí...hasta que decidí sincerarme con ella y contarle lo de los fantasmas. Me mandó a la mierda, como hacen todos.

– Sé que me conoces de hace unas horas, pero...si te sirve de algo, yo no voy a hacerlo. - le digo sincera – Yo veo unicornios, ¿por qué tú no vas a ver fantasmas?

– Los unicornios molan.


Sonrío de forma exagerada y le obligo a enseñarme algo más que una media sonrisa. La cosa va avanzando y eso me gusta.

He llegado a la conclusión de que Dougie es un chico normal, sólo necesita que confíen en él...porque al parecer nunca lo han hecho.


Una simple y tonta respuesta puede hacer que dos personas se conecten para toda la vida.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Real World.

¡Hola luciérnagas!
Bueno, tengo la primera parte de una gran mierda de pequeña historia que escribí el otro día y si os digo la verdad, no pensaba subirla hasta tener la segunda parte, pero @Carmen_Happines me ha dicho que si iba a subir algo y bueh...here I am.
Es desde el POV de un personaje femenino y nada, espero que os guste.
¡Comentad, no seáis malos! D:

Todos hemos escuchado alguna vez una canción en la que el cantante nos dice que el físico no importa; segundos después hemos visto que su novia es modelo.
Todos hemos sido advertidos de que hay que ser uno mismo y no hay que tener miedo a mostrar los defectos; minutos después hemos sido rechazados.
A todos nos han dicho "el interior es lo que importa", sabiendo perfectamente que eso no es cierto.

Y es que, ¿a quién le importa si sabes escuchar o dar buen consejo? ¿Quién tiene en cuenta lo que realmente vales? Nadie.
Soy Samantha Parker, tengo diecisiete años y me he mudado tres veces; lo que me da derecho a conocer perfectamente el comportamiento de las personas ante algo nuevo.

La primera vez que me mudé fue con doce años. Mis padres querían salir del pequeño pueblo en el que vivíamos y nos fuimos a Bristol. (Que tampoco es que fuera tan grande, pero bueno)
En mi primer día de instituto recibí aproximadamente diez miradas de asco, y mejor no hablar de los cuchicheos. ¿Sabéis lo que es que todo el mundo te mire como si vinieras de otro planeta?

La segunda, fue dos años más tarde, cuando por motivos de trabajo, nos fuimos a Londres. Reconozco que me hizo ilusión...salir de aquel instituto no me vendría mal, y encima Londres, el sitio más famoso de toda Inglaterra.
Aunque allí las cosas tampoco eran muy diferentes.
No es que la gente me mirara mal, es que directamente no me miraba. Y creedme, siempre es mejor caer mal, que no caer; si no caes, es que eres totalmente invisible.

Mi última mudanza ha sido hace unas dos semanas.
En estos tres años han pasado cosas como la separación de mis padres, lo que ha llevado a que mi madre y yo estemos aquí, en Bolton.
No es un sitio tan bonito y grande como Londres, pero dicen que es bastante acogedor. Yo no estoy tan de acuerdo...

***
Como cada mañana, mi despertador suena al ritmo de A Day To Remember y no tardo mucho en tirarlo al suelo. ¿Por qué existen estos cacharros? ¿No podía despertarnos un ángel mediante susurros? Seguro que mi humor sería bastante diferente.

Me toma una hora ducharme, vestirme, desayunar y salir de casa camino al instituto. A pesar de que Bolton no sea un gran pueblo, al parecer mi madre quiso mandarme al instituto más lejano y todos los días tengo que coger el tren, cosa que no me hace ninguna gracia.

La estación siempre está repleta de gente, y me agobian ese tipo de sitios en los que respirar se convierte en un reto. Lo peor de todo es que las personas se conocen entre ellas, charlan mientras esperan su tren...o incluso se montan en el mismo. Y después estoy yo, la única sola y totalmente desconocida para los demás. ¿Cambiará eso algún día?

Me dirijo hacia el primer sitio libre que veo y me siento esperando mi tren.
Hoy he llegado dos minutos más tarde y el directo se ha ido, así que tengo que montarme en el que va parando cada diez minutos. A este paso no doy clase...

- Genial Sam, si es que eres muy lista... - susurro para mí misma.
- Perdona, ¿me has dicho algo?

Miro a la derecha buscando a la persona que acaba de hablarme y me encuentro con un chico de más o menos mi edad, quizás un poco mayor.
Tiene el pelo rizado, es moreno y sus ojos de color azul cielo. Está repleto de pecas y su sonrisa parece deslumbrar toda la estación.

- Eh...no, hablaba sola. - río nerviosa.
- Ah, guay. Soy Danny.
- Yo Samantha, pero puedes llamarme Sam.

Asiente aún sonriendo y creo notar que me sonrojo un poco.
En el poco tiempo que llevo aquí, la gente no ha sido muy agradable. Todos se conocen, tienen un grupo cerrado de amigos y no integran demasiado a la gente nueva.

- ¿Eres de por aquí? Nunca te he visto. - me dice.
- No. Sí, más o menos...me he mudado hace poco.
- ¿Desde dónde?
- Londres.
- ¿Te has venido desde Londres a este apartado pueblo? - se sorprende - Tú estás loca.

Estoy a punto de contestarle cuando el tren para frente a nosotros.
A pesar de que las puertas acaban de abrirse y de que tengo que darme prisa, me quedo sentada esperando a que él se levante. Decepción que me llevo cuando me doy cuenta de que ese no es su tren.

- Me-me tengo que ir.
- ¿Nos veremos mañana? - pregunta - ¡Quiero saber por qué estás en Bolton!
- Claro.

Me despido con una tímida sonrisa y entro corriendo. Dos segundos más y pierdo dos trenes en un mismo día.
Tras comprobar que todos los asientos están ocupados, me quedo de pie mirando al frente. Hay un grupo de chicos que están en mi instituto, y aunque las ganas de acercarme a hablar con ellos no me faltan, el miedo a ser rechazada gana.
Creo que prefiero pensar en el chico pecoso cuyo nombre es Danny.

***
El idiota de Danny lleva cinco minutos de retraso.
Desde el día en el que nos conocimos accidentalmente, me presento en la estación a la misma hora y en el mismo sitio. Nos quedamos hablando hasta que llega mi tren y así todos los días.
Es como una especie de cita diaria...o por lo menos a mí me gusta llamarlo de esa forma.

- ¡Sam! - exclama exhausto - Joder, casi me muero.
- ¿Y eso?
- Se me han pegado las sábanas, ya sabes.

Sonrío y se sienta a mi lado.
Me mira unos segundos sin decir nada y poco después saca una cámara del bolsillo pequeño de su mochila.

- Tengo que enseñarte algo.

Asiento intentando ocultar mi emoción (cosa que creo que no funciona) y espero pacientemente mientras él busca la foto que quiere mostrarme.
La encuentra y me tiende la cámara con una sonrisa enorme.

- Es ella. - dice.

Mi sonrisa desaparece automáticamente y fijo mi vista en la foto.
Ahí está él, con el polo azul que hace conjunto con sus ojos y una sonrisa espléndida. A su lado, ella; la chica de sus sueños.

Cuando Danny y yo comenzamos a tener un poco más de confianza, me contó que le gustaba una chica de su clase. Me la describió millones de veces sin saltarse ningún detalle y me prometió que algún día me enseñaría una foto. Y aquí la tengo.

- Wow...es guapísima.

Él asiente sonriendo y yo intento no mostrar mi decepción.
La chica de la foto parece estar creada por y para él. Es blanca de piel, aunque sin exagerar; pelo castaño claro y ojos verdes. Sin olvidar su recta y blanca sonrisa...¿quién quiere más?

- Ayer estuvimos haciéndonos fotos en clase y...bueno, eso. - comenta - Aproveché para cumplir mi promesa y que así la vieras.
- Hacéis una pareja preciosa.
- ¿Enserio? ¡Gracias! - ríe - ¿Tú qué tal con el chico ese que me dijiste?

Me sonrojo y trago saliva inventando una respuesta lo más lógica posible.
"El chico que le dije" no existe, pero era eso o admitir que el chico por el que realmente puedo sentir algo es él.

- Bah...
- Respuesta incorrecta.
- Ya te he dicho que es inalcanzable. - contesto nerviosa - Tiene novia, ¿vale?
- ¿Y qué? Los enamorados estamos para robar novios.
- ¿Qué? ¡Eso no ha tenido sentido alguno!
- Pero al menos he conseguido que sonrías.

Me quedo embobada mirando el brillo de sus ojos y sonrío de medio lado.
Danny es una de esas personas que todo el mundo quiere para un día en el que la autoestima no te acompaña. Sabe qué decir y hacer para que tu ánimo suba aunque sea un poco.

- Creo que te tienes que ir. - me dice de repente.
- ¿Me estás echando?
- No, boba, tu tren está ya aquí.
- ¡Hasta mañana entonces!

Me da un beso en la mejilla y como cada día gracias a él, entro en el tren con una gran sonrisa.

***
Al igual que hace tres días, Danny se retrasa, y lo peor de todo es que me alegro.
Últimamente de lo único que hablamos es de Caroline (la chica que le gusta), y no es un tema muy agradable para mí. Puede llevarse horas y horas contándome lo perfecta que es...cosa que no soporto.

Cojo mi iPod y pongo la canción más triste que encuentro.
A veces me pregunto por qué los humanos somos tan sumamente gilipollas. ¿Cuál es la explicación de que siempre que estamos tristes pongamos canciones que sabemos que nos dejan por los suelos? E aquí nuestro sentido de la lógica...inexistente.

Estoy concentrada en la balada que retumba en mis oídos cuando alguien me da dos golpecitos en el hombro.
Me quito los auriculares y me giro, pudiendo comprobar que como pensaba, el de los golpecitos había sido Danny. Sorpresa la mía cuando veo que no está solo.

- Sam, tengo que presentarte a Caroline. - dice contento - Caroline...Sam, una buena amiga.

Le doy dos besos y ella me enseña esa magnífica sonrisa.
No puedo estar mucho más tiempo con ellos porque el tren (muy oportuno) ha llegado. Por una parte quiero quedarme allí, vigilar cada paso, analizar cada mirada...saber si ella siente lo mismo. Por otro, le estaré eternamente agradecida a este tren por haber llegado justo ahora.

***
"Sam, una buena amiga"
Llevo todo el fin de semana con esa frase resonando en mi cabeza. ¿Una buena amiga? ¿Quién se conforma con ser eso? Yo no.
Cuando conocí a Danny estaba feliz de poder hablar con alguien en Bolton, de ver que no todo el mundo me iba a tratar como una bolsa de basura o a ignorar como a una piedra. Conforme el tiempo fue pasando, me di cuenta de que Danny era especial. Y teníamos tantas cosas en común...

Ahora estoy totalmente segura de que me gusta; e incluso sería capaz de admitir de que soy una tonta enamorada. ¿Por qué no podía gustarme el chico popular al que todas quieren? Por lo menos con ese ni hablo...

Me levanto a por mi botella de agua y paso por el espejo del pasillo.
No suelo pararme, pero hoy me apetece hacerlo. ¿Tan evidente es que un chico como Danny nunca se podría fijar en mí? Mi pelo es largo, pero rizado; mis ojos grandes, pero marrones; mi sonrisa es blanca, pero con alguna que otra imperfección. Y mi cuerpo no puede considerarse bonito, así que, ¿cómo pude tan si quiera imaginar que algún día estaríamos juntos? Sería demasiado absurdo, atípico, imposible.

Por eso no creo en las canciones de amor ni en los cuentos de hadas.
Nos crean ilusiones, nos hacen pensar que cada uno, siendo como es, podrá conseguir a la persona que quiera. Nos enseñan a ser nosotros mismos y es cierto, en los cuentos la tímida y pobre criada siempre se convierte en princesa y consigue que su príncipe la quiera. Pero, ¿enserio podemos creernos que eso pasa en la vida real?
En la vida real, lo máximo que podrás llegar a conseguir siendo tú mismo será ser "una buena amiga".

domingo, 6 de noviembre de 2011

Suicide.

Helloooooooooo!
He vuelto con un OS que acabo de escribir y que no es muy feliz ._.
Para que os hagáis una idea, lo he escrito por lo de la niña que se ha suicidado hace unas horas...no sé por qué, pero al enterarme, me ha entrado rabia y me han dado ganas de escribir ésto.
PD: POV Danny y un poco largo.
Dedicado a @brianvega97 @Marisa_Poynter @Cristhings @mcflycrazier @AndreaDebuten @itsmarinax, que son las que se han ofrecido a leerlo :'3 Hope you like it!

Yo era una de esas personas detestables a las que la mayoría de la sociedad quiere bajo tierra. Uno de esos niños que tiran piedras a las prostitutas y le quitan los bastones a las señoras mayores para que caigan al suelo. Uno de los que se ríen de la típica niña nueva cuyo cuerpo parece un palo.
En definitiva, un cabrón.

¿Lo peor de todo?
Que no nos damos cuenta de la importancia de las cosas hasta que no pasa algo que nos abre los ojos. ¿Cómo iba a saber un niño de mi edad que unas risas podían provocar tanto? ¿Eh? ¿Cómo debía yo saberlo?
No lo supe...hasta ayer.

Me llamo Danny Jones, y a día de hoy, tengo dieciséis años.
Nací en Bolton, aunque nos mudamos a Londres cuando cumplí los cuatro, así que me considero un londinense en toda regla. Llevo en el mismo colegio desde los seis años (tiene primaria, secundaria y bachillerato) y...recordar lo que me ha llevado a estar como estoy, no es algo muy agradable.

Flashback

Harry y yo íbamos caminando hacia clase mientras todo el mundo nos miraba.
Harry era mi mejor amigo y tenía un año más que yo, es decir, nueve. A pesar de ser dos mocos, sabíamos hacernos respetar. Era como si el resto de los niños nos admiraran y quisieran ser como nosotros.

- Mira a Lindsay. - me dijo - ¿A que es guapa?
- Qué pesado eres...¿por qué no vas a jugar con ella y te callas un rato?
- Porque no quieres que te deje solo.

Sonreí encogiéndome de hombros y entramos en clase sentándonos en nuestros respectivos sitios.
Era cierto, aunque todos los niños de la clase quisieran ser nuestros amigos, mi único amigo era Harry; y viceversa. El problema era que últimamente nuestro único tema de conversación era la tonta de Lindsay; a la que por supuesto, no pensaba incluir en nuestro pequeño (y cerrado) grupo de amigos. Éramos Harry y Danny, no Harry, Lindsay y Danny...

- Eh, mira.

Miré hacia donde señalaba el dedo de mi amigo y vi a dos niños rubios entrar con la mirada clavada en el suelo.
Probablemente eran nuevos, nunca los había visto y sus caras parecían tener un cartel florescente en el que estaba escrito en mayúsculas "Soy nuevo, pégame".

- Gente nueva. - reí mirando a Harry.
- Por fin algo divertido...
- ¡Chicos, silencio! - gritó la profesora - Quiero presentaros a vuestros nuevos compañeros.

La señora Parker se llevó más de quince minutos presentando a los dos rubitos mientras Harry y yo planeábamos mentalmente la bienvenida.
No existía cosa más divertida para nosotros que molestar a los nuevos, y más si eran tan tontos como esos.


La hora del recreo había llegado y buscábamos a los nuevos sin ningún éxito. ¿Acaso podían hacerse invisibles? No estaban por ningún lado.
Cuando quedaban escasos minutos para que tocara el timbre que anunciaba el final del recreo, los vimos sentados en un banco comiéndose su bocadillo.

- ¡Hola! - exclamamos Harry y yo a la vez.
- Ho-ho-hola...
- Soy Daniel, pero me llaman Danny. - dije - Y este es mi amigo Harry.
- Yo soy Tom, y él es Dougie.

Vaya, Tom y Dougie.
En aquel momento creo que por la cabeza de Harry y por la mía pasaban las mismas preguntas, y ninguno de los dos se iba a quedar sin la respuesta.

- Oye, ¿tú tienes complejo de perro? - le preguntó Harry a Dougie - Por el nombre digo...
- Y-y-yo...
- Y a ti te gusta mucho comer, ¿verdad? - le pregunté yo a Tom.

Ninguno de los dos respondió, ambos bajaron la mirada casi llorando y esperaron a que nos fuéramos de allí.

- Eh, no seáis maleducados.
- Yo no soy maleducado. - respondió Tom - Eso eres tú, que me has llamado gordo.
- No te equivoques, sólo he dicho que te gusta comer, bola de sebo.
- ¡No le insultes! - gritó a su manera el otro.
- Si no paras de ladrar, tito Harry no te dará la galletita.

Empecé a reír de forma escandalosa mientras los dos amigos aprovecharon para salir corriendo. Al parecer nos íbamos a divertir muchísimos con aquellos dos...

Fin Flashback

Así fue como empezó todo.
Por aquella época yo me dedicaba a insultar a todos los niños de mi clase...me metía con ellos sin motivo alguno y aunque no era consciente, les hacía daño.

Es cierto que Tom estaba rellenito y que Dougie no es un nombre muy común, pero...¿en qué pensábamos Harry y yo para tratarlos así? No teníamos ningún motivo, pero seguimos haciéndolo día a día. Cada semana, cada mes...e incluso cada año.

Sí, pasaron los años y seguíamos metiéndonos con ellos.
El resto nos daba igual, sólo acosábamos a Tom y a Dougie, supongo que eran los más cobardes y eso nos hacía sentir mejor.
Pero un día, siete años después (es decir, el año pasado), Harry cambió repentinamente y dejó de ser "el matón". Yo decidí seguir siendo gilipollas...

Flashback

Habían pasado siete años desde que Tom y Dougie entraron en el colegio, así que ahora yo tenía quince y Harry dieciséis; pero nuestra actitud frente a ellos no había cambiado.
Tom seguía siendo un empollón con demasiada panza, y Dougie un freak demasiado bajito. Era imposible contener los comentarios y las bromas, imposible.

- ¿Sabes de lo que me he enterado? - me sonrió Harry - Nuestros amiguitos son fanáticos de Star Wars.
- No jodas. ¿La peli de las espaditas láser y del "yo soy tu padre"? - reí fuerte.
- Exacto.

No hizo falta decir más, ya teníamos qué hacer.
Habían pasado bastantes años, nuestra mentalidad no era la misma y ya no hacíamos cosas como quitarles el bocadillo; esta vez un simple folio era más que suficiente.
Juntamos dos folios y escribimos bien grande: "STAR WARS, QUE LOS FRIKIS OS ACOMPAÑEN". Seguidamente, lo colocamos con fiso en sus taquillas y ¡tará! Travesura realizada.

- Tío, cada día somos mejores. - susurré.
- Sin duda...

Nos quedamos de pie esperando, queríamos ver la reacción de ambos, iba a ser un momento épico.
La gente que pasaba por el pasillo leía el folio y comenzaba a partirse, todos sabían que esas taquillas pertenecían a Tom y a Dougie; todos se reían de ellos gracias a nosotros.

- Tom... - escuché decir muy bajito al otro rubio.
- Capullos...
- No aguanto más, es un infierno.
- Ya queda menos para que acabemos Doug, podemos aguantar...
- ¡Llevas siete años diciéndome eso! - gritó harto.

Harry y yo los mirábamos desde nuestro escondite, parecían un matrimonio en plena crisis.
Dougie gritaba sin importarle que la gente le mirara, decía todo el rato que no podía ni un día más, que se sentía cada vez peor. Mientras, Tom intentaba tranquilizarlo, pero no lo conseguía.

- Vamos a reírnos de cerca. - me propuso mi amigo.

Yo asentí y nos dirigimos hasta ellos como si nada.
Tom nos miró asustado, como hacía siempre, y Dougie, al darse cuenta de su mirada, se giró para saber qué pasaba. En ese momento el mundo se paró.
Su mirada no expresaba miedo, expresaba rabia. Era como si toda su cobardía se hubiera marchado.

- ¿Qué pasa, discutiendo parejita? - rió Harry.
- ¿Tienes complejo porque nunca has conseguido que Lindsay te eche cuenta y te dedicas a inventar parejas?
- Dougie, qué haces...
- Déjame Tom, estoy harto. - dijo enfadado - Lleváis siete jodidos años usándonos como muñecos, dejándonos psicológicamente echos mierda...¡y ya está bien!
- Mira, yo no tengo la culpa de que te tomes a mal las bromas. - contestó Harry.

El pequeño rubio abrió muchísimo los ojos, cosa que me hizo bastante gracia.
Comencé a reír y al poco tiempo mi amigo me siguió, pero ellos dos seguían totalmente serios e inmóviles.

- ¿Bromas? Era una broma cuando venías y me arrebatabas mis caramelos de menta. Era una broma cuando pinchabas mi pelota de plástico...e incluso lo era cuando me cortabas un mechón de pelo. - dijo rápidamente - ¡Pero dejó de ser broma hace mucho! ¿No te das cuenta de los que sois?
- ¿Qué somos, listo?
- Dos gilipollas envidiosos que se dedican a acosar a los demás porque no pueden con sus complejos. ¿Por qué no os aceptáis a vosotros mismos y ya luego os metéis con los demás?

No sabría decir quién estaba más perplejo, si Harry y yo, o su propio amigo.
Dougie había hablado en diez minutos más que en toda su vida. Y aunque yo no sufrí ningún cambio después de esa insignificante charla, al parecer para Harry fue un gran toque de atención...

Fin Flashback

Desde esa charla, Harry empezó a distanciarse de mí y se hizo amigo de ellos dos. ¡De Tom y de Dougie! ¿Existía algo más ridículo? Sí, yo mismo.
Dejé de acosarles públicamente porque estaban con Harry, que a pesar de todo era mi amigo, pero Tom no pudo librarse de mí.

Todos los días a la salida me iba detrás suya y le insultaba hasta que se ponía a llorar.
Un chaval con dieciséis años (uno más que yo) llorando...me parecía tan ridículo que el siguiente paso era pegarle. Digamos que era algo automático, siempre lo mismo. Todos los días, a la misma hora...hasta que llegó el verano y decidí que pararía. No quería pasar más días solo sin Harry...quería a mi amigo de vuelta.

El curso comenzó bastante bien, Harry se sorprendió de mi cambio de mentalidad y aunque les costó bastante, Tom y Dougie decidieron perdonarme y me integraron en el grupo. ¿No suena absurdo? Harry, Tom, Dougie y yo siendo amigos. Con lo mal que me porté...en aquel momento me dio coraje que fueran tan buenas personas, me sentí una mierda.
Todo fue genial hasta ayer.

¿Que qué pasó ayer?
Muy simple: Tom se suicidó.
¿Que por qué?
Por un gilipollas como yo.

Cory llegó nuevo a clase el mes pasado, y nada más verlo lo supe: nos haría la vida imposible. Se encasquetó en nosotros cuatro y nos jodía cada día, como Harry y yo hicimos años atrás con Tom y Dougie. Ahí fue cuando empecé a entenderlos y me pregunté cómo aguantaron...

Dougie se quejaba, decía que no estaba dispuesto a pasar por lo mismo, que no aguantaría; Harry repetía una y otra vez que no entendía cómo podíamos haber sido así nosotros, que vaya par de cabrones; yo simplemente me quejaba de los golpes que me daba Cory. Y después estaba Tom, que era el único que nos animaba a seguir. El único que no se quejaba...por eso ésto nos pilló por sorpresa.

Ayer se suicidó dejando una sucia nota:
"Lo siento...de verdad que lo siento por vosotros, pero no puedo más.
Sabéis perfectamente lo que es vivir así. Sobre todo tú, Doug, llevamos mucho tiempo sufriendo ésto y yo no estoy dispuesto a seguir soportándolo.
Espero que de alguna forma paréis a Cory...hasta siempre"

Y ahora no puedo evitar sentirme la peor persona del mundo.
¿Qué habría pasado si yo no hubiera empezado con todo? Si yo nunca hubiera acosado a Tom, ¿se habría suicidado? Probablemente no...no puedo parar de pensarlo. Yo podría haberlo evitado...

Lo único bueno de todo es que Cory no nos va a molestar más, estoy seguro. Y si nos molesta, me da exactamente igual.
No me importa lo que me hagan, estoy vacío. Porque después de todo, Tom era uno de mis mejores amigos, y que haya optado por la opción más cobarde lo ha cambiado absolutamente todo.

miércoles, 2 de noviembre de 2011

Enfadarse no es tan malo.

A "petición" de Erika, que puso un comentario diciendo que quería que subiera el Junes +18...aquí está.
Debo confesar que me sentí sucia cuando lo escribí (hace unos meses) y me siento sucia ahora. Sí, soy tonta, pero es que a mí escribir cosas de estas se me da mal y no me hace mucho tilín...pero bueno, aquí está.
Acepto flores/ladrillos. *Comentarios, comentarios* ¡Vemo con Nemo!

Llevamos varias horas en casa de Tom, y comienzo a estar cansado.
Hoy es el típico Domingo de amigos sagrado en el que hacemos cosas juntos. Si no fuera porque me negué, también iríamos juntos a mear.

Tom está en la cocina preparando algo de comer mientras Harry y Dougie se ríen en el sofá.
Sonrisas y más sonrisas. Estúpidos chistes que solo ellos dos entienden. Estúpido Pudd que me jode la vida.
No es que esté celoso ni nada de eso, para nada. Es simplemente que Dougie ha dejado de quererme, y eso me duele. Me duele mucho.

Puedo ver a Tom sonriendo desde el pasillo con un plato lleno de tortitas.
Tom es feliz siempre, pase lo que pase. Su sonrisa está pintada con permanente y nunca se borrará.

- Tortitas para todos. - dice.

Harry coge dos; una para él y otra para el enano.
Yo cojo dos; una para mí y otra para mí.
Y Tom..Tom nos mira como si fuéramos cerdos mientras llama a alguien.
Al cabo de unos cinco minutos vuelve encontrándose el plato vacío y nos dice:

- Chicos, me voy. He quedado con Gio y...Dougie, - dice captando su atención - está con Frankie...¿te vienes?

- ¡Claro! - responde.

- Pues perfecto. Os dejamos solos, no me mancheis nada y que no se os olvide mimar a Marvin. - nos dice a Haz y a mí amenazante.

Harry y yo respondemos al unísono y los dos rubios del grupo salen de la casa.
Ahora es cuando yo no sé qué hacer; si tirarme por un balcón o chamuscarme en la chimenea. Probablemente ninguna de las dos cosas: Tom ni tiene balcón, ni tiene chimenea. Es un fracaso de casa, no hay ayudas para suicidarse.

- Bueno... - dice Harry rompiendo el hielo - ¿Quieres hacer algo en especial?

Pienso bastante y llego a la conclusión de que no me gusta hacer nada con Harry, nada.
Nunca hemos tenido conexión, no la vamos a tener ahora.

- No sé...hablemos.

- ¿De qué? - pregunta extrañado.

- De Dougie.

Veo cómo frunce el ceño y pone una mueca desagradable.

- ¿Por qué crees que es solo tuyo? No dejas que esté con Tom ni conmigo.

- ¿Perdón? Mira Danny, si quieres pelea vete a la calle y enfréntate a cualquier borracho. A mí déjame.

Se levanta cabreado pero le cojo del brazo, no pienso dejar que se vaya dejándome así.

- Sólo te he hecho una pregunta. - le digo.

- Sí, una pregunta totalmente absurda. Yo no le prohibo nada. Me prefiere a mí antes que a ti, asúmelo.

Uno, dos, tres..y hasta diez.
Contaría si tuviera paciencia, pero no la tengo.
Comienzo a gritar palabras sin sentido y oraciones inconexas mientras Harry hace lo mismo.

- ¡Que te jodan! - me grita.

Y en este momento el tiempo se para y mi cabeza se satura.
¿Me podría explicar alguien por qué en estos instantes veo a Harry jodidamente sexy?
Me muerdo el labio e intento contestarle, pero no me sale nada.

- Vete a la mierda. - murmuro.

Harry se acerca enfadado, y realmente pienso que me va a pegar.
Me acorrala contra la pared, empiezo a tener miedo y a la vez empiezo a excitarme.
Sí, increíble. Están a punto de estamparme y yo me empalmo. Soy inteligente, claro que sí.

- Vuelve a decirlo, vamos. - me incita.

- Que te vayas a la mierda.

Cierro los ojos esperando el golpe, pero no llega.
Cuando los abro puedo ver cada brazo suyo a un lado de mi cabeza y nuestras caras demasiado cerca.

- Una vez más. - dice.

- Vete a la mierda, pesado.

Y lo hace.
No me pega un puñetazo, pero me besa.
Juro por lo más sagrado que ahora mismo me está besando.
Bruto, con fuerza, sin tener la más mínima delicadeza. Pero me está besando, y me gusta.

- ¿Qué haces? - digo apartándolo.

- Seamos claros, me pones enfadado.

Mis ojos se abren como platos y su sonrisa se vuelve burlona.
Vuelve a acercarse y me roba otro beso. Y otro. Y otro más.

- Y por lo que veo, yo a ti tampoco te disgusto mucho... - dice riendo.

Yo sonrío y me avalanzo a él besándole con fuerza, mordiendo su labio inferior.
Le quiero hacer daño, que vea que no es superior, que no lleva el control en ésto.

Harry me separa y se quita la camiseta rápidamente, dejándome con la boca abierta.
Puedo ver su pecho inflándose con fuerza, y lo mejor de todo, puedo tocarlo.

- Vamos, es para hoy. - dice sacándome de mi empanamiento.

Asiento e intento quitarme la mía, pero no puedo.
Señal de que estoy nervioso, y Jones nunca está nervioso.
Haz sonríe y me arranca la camiseta, textualmente.
Nada de delicadezas, nada de cosas bonitas...eso no existe.

Ahora estamos en igualdad de condiciones, y aunque no me puedo quejar, quiero más.
Estoy demasiado excitado como para quedarnos media hora con los pantalones puestos, y Harry se ha dado cuenta de ello.

- Shh... - me susurra al oído - todo a su paso Dan, todo a su paso.

Un escalofrío recorre mi cuerpo y siento que tengo electricidad.
Harry es sexy. Harry me pone. Harry no para de besar mi cuello.
Lo recorre de arriba a abajo dejando rastros de saliva en él, por lo que probablemente mañana la gente piense que estuve con una chica que me dejó marca.
Vuelve hacia arriba y me roba otro beso. Y yo sólo puedo decirle:

- Besas genial.

Y me siento idiota, pero me da igual.
Él se ríe y vuelve a mi cuello. Besos, chupetones, mordiscos. De todo un poco. Felicidad por mi parte, excitación por la suya.

Empiezo a pensar que debo hacer algo, pero mi cuerpo no responde. Estoy totalmente entregado a Harry, le dejo hacer lo que quiera.
Ahora mismo está bajando por mi pecho, se dirige al pezón izquierdo.
Lo chupa, lo muerde. Y aunque quiero gemir, no lo hago. Harry no va a ganar esta partida, ni en broma.

Le agarro el pelo y me muerdo el labio con fuerza. Me voy a hacer sangre, pero no me importa.
Él sigue lamiendo con entusiasmo y vuelve a morder más fuerte.

- Ah...

Mierda mierda y mierda.
Juro que se me ha escapado. Ha mordido demasiado fuerte y no he podido aguantar. Pero a Harry le ha gustado, porque sonríe pícaramente y sigue con el otro pezón.
Podría morir de felicidad en este preciso instante.
Comienzo a entender por qué llaman a Harry el Dios del sexo y todavía no hemos hecho nada.

- Danny, - dice fingiendo un gemido - ¿te gusta?

Yo me limito a asentir y decido que es mi momento.
Le cojo del mentón y hago que me mire. Sus ojos están brillantes y su mirada deja ver la excitación desde lejos.

- Bésame. - le medio suplico.

Harry me hace caso y me besa como al principio, bruscamente.
Yo sonrío en sus labios y acaricio su espalda haciendo que se estremezca.

- Y ahora... - le digo - me toca.

Veo que separa sus labios para hablar, pero le callo con otro beso mucho más profundo.
Su lengua y la mía en una gran batalla que no tiene ganador.
Pasión, lujuría, sexo. Ésto es increíble.

Seguimos besándonos mientras le dirijo hacia el sofá, es hora de usarlo.
Cuando estamos en el borde le empujo provocando que caiga boca arriba con los brazos abiertos, dejándome su cuerpo a toda disposición.

- ¿Preparado? - le pregunto.

- No lo dudes.

Y esas tres palabras me estimulan como un coche de carreras puede estimular a un niño pequeño.
Me siento a horcajadas encima de él, sonriendo como nunca antes le he sonreído a un tío.
Harry me gusta, me gusta mucho.

Comienzo a besarle el cuello, como él ha hecho anteriormente conmigo.
Subo, bajo. Reparto besos y lametones por todas las partes posibles y llego hasta su oreja. Sé que es su punto débil, me lo ha dicho miles de veces.
Le muerdo el lóbulo y arquea la espalda, le gusta y eso hace que yo siga su ejemplo. Me quedo un rato en su oreja hasta que él gime, ya he conseguido mi propósito.
Le robo un beso y voy bajando. Lento, muy lento. Tan lento que si yo fuera él me suplicaría que fuera más rápido, pero eso Harry no lo hace. Su orgullo masculino no le deja.

Lamo un pezón, y el otro.
Doy besos por todas partes y decido que si no quiero correrme ya, es hora de seguir bajando. Dejo saliva por todo su pecho y me quedo estancado en su ombligo, una pequeña línea y llego a la parte más sensible.
Bajo mi lengua y la paso por encima del elástico de sus bóxers, Harry gime.
Me río y me quito de encima suya, es hora de apartar los pantalones. Le desabrocho el cinturón y veo cómo traga saliva. ¿Asustado? ¿Excitado? Yo diría que una mezcla de los dos.

Cuando por fin tiro sus pantalones al suelo, decido deshacerme de los míos. Tengo prisa y no quiero perder más tiempo.
Vuelvo al sofá y me siento encima de él, igual que antes.
Nuestros miembros se rozan y Harry gime más fuerte de lo que me esperaba. Yo haría lo mismo, pero sé controlarme. Aunque el hecho de que una fina tela esté separando nuestra excitación sea muy morboso, tengo que aguantar.

- Joder - le digo - Creo que alguien aquí está muy necesitado.

- Pues serás tú pecoso, yo follo todos los días. - responde riendo.

Sonrío y Harry aprovecha para cambiar posiciones.
Ahora soy yo el que está abajo, es él quién tiene el control.
Vuelve a su maniobra de los besos y mientras lame con fuerza mi cuello, baja una mano hasta mi parte más preciada.

Y así, sin previo aviso, la mete dentro de mis bóxers.
Yo me estremezco y sin quererlo, gimo bastante fuerte.

- ¿Estás seguro de que soy yo el necesitado? - pregunta vacilante.

Aprieta con fuerza y gimo más fuerte aún.
Harry ríe, a Harry todo le hace mucha gracia.

- S-s-s-sí. - digo con voz ronca.

Él niega con la cabeza y sigue tocándome.
Siento que estoy en el cielo, o probablemente más allá. Y cuando creo que nada puede ser más excitante, Harry para de besarme y baja su cabeza.

No creo que vaya a hacer eso, no lo creo hasta que veo que baja mis bóxers y comienza a chupar sin ningún tipo de apuro.

- Ahhhh...joder...

No me gusta que vea que está ganando, pero es demasiado difícil no emitir ningún sonido.
Levanto la cabeza y puedo ver la suya moverse lentamente.
Arriba, abajo, arriba, abajo.
Que alguien le diga que pare o me corro. Que alguien se lo diga, yo no puedo.

- Ha-ha-harry... - digo entre gemidos - Para.

No me hace caso y sigue a lo suyo, ahora mucho más rápido, mucho mejor.
Se ayuda con sus manos y eso hace que me estremezca aún más.
Afirmo que no hay nada más jodidamente perfecto que tener a Harry así ahora mismo, lo prometo.

Se lo saca entero y me mira con sonrisa burlona.
No va a parar, no me va a hacer caso. Puedo leerlo en su mirada.

- ¿Estás seguro de que quieres que pare? - me pregunta.

- Ssssí.

- Vale, espera medio minuto y paro.

Y sin borrar esa estúpida sonrisa, pasa toda su lengua por mi glande de forma superficial. Mi piel se eriza, mi mente se pone en blanco y aferro mis manos a su pelo.

- Voy enserio...¡joder!

Y por más que suplico Harry no para, porque sabe que me gusta demasiado. Él lo sabe todo en este tema. Porque sí, como ya he dicho antes, Harry es el Dios del sexo.
Vuelve a metérselo entero en la boca y vuelve a robarme otro gran grito de placer.
Cuando mi gemido para, Harry se lo saca y me mira con una enorme sonrisa.

- Conseguido. - susurra.

Yo respiro profundamente y como si fuera por arte de magia, recupero toda la energía.
Quiero hacer algo, no soporto sentirme un cero a la izquierda. Y menos en el tema de la cama.

- Me toca, ¿no crees? - le pregunto.

Harry se encoge de hombros y yo ataco su boca.
Un beso, lenguas, saliva. Mezcla de sabores.
Y bajar hasta llegar a su miembro, que está tan excitado que parece que está pidiendo a gritos salir de ahí.

Me acerco al oído de Harry mientras introduzco mi mano derecha y lo rozo.
Harry gime, Harry siente placer.

- Tranquilo... - le susurro en la oreja - Papi ha venido a salvarte.

Noto que mis palabras le ponen aún más, y eso hace que me sienta con todo el control.
Ahora Harry está en mis manos, y no pienso ser nada delicado.

Le quito la última prenda y aquí estamos, desnudos uno frente a otro.
He visto a Harry mil veces desnudo, pero nunca mirándolo de esta forma. Nunca teniendo su miembro en mi mano y nunca deseando que fuera mío. Nunca.

Comienzo a tocar con miedo, nunca he hecho ésto y él parece tener experiencia.
Ríe, así que llego a la conclusión de que no lo estoy haciendo del todo bien. Pienso en mí y en mis encerronas en el baño. No debe de ser tan difícil, si lo hago con el mío, ¿por qué con el suyo no?

Respiro hondo y sigo tocándolo, ahora con más fuerza.
Aprieto al principio haciendo que Harry deje escapar un suspiro y aflojo el resto del camino, cosa que le hace gemir. Sí, ahora sí lo estoy haciendo bien.

- Danny... - dice bajito - Por favor, juro que me...aaaah...corro...

Paro de lamer y decido hacerle caso, no soy tan malo como él. Aparte tengo ganas de sentirlo dentro, por mucho miedo que me de.
Me levanto y le doy un beso, haciendo que pruebe su propio sabor.

- Espera. - dice separándose de mí.

Asiento y veo que se va corriendo hacia el piso de arriba.
Y pienso: ¿qué cojones estoy haciendo? Me estoy liando con un tío, y ese tío se llama Harry. Y para colmo es uno de mis mejores amigos. Muy bien Dan, muy bien.

Escucho sus pasos apresurados y lo decido: tengo que parar.
El problema es que ver a Harry desnudo con un condón en la mano y una sonrisa perfecta no ayuda a negarse, no ayuda para nada.

- ¿Estás listo? - me pregunta enseñando la precaución.

- Ni se pregunta. - le respondo.

Él sonríe y se avalanza sobre mí besándome con seguridad.
Vuelvo a estar abajo, vuelvo a ser el dominado.
Harry comienza a moverse y nuestros miembros se rozan.
Hola, acabo de conocer la sensación más orgásmica del mundo.
Seguimos rozándonos un rato mientras los gemidos invaden el salón, y Harry decide que es el momento.

- Vamos, no aguanto más. - me dice.

Yo asiento y sigo sus instrucciones.
Me pongo a cuatro patas mientras Harry se coloca el condón.
Y tengo miedo, mucho miedo. Nunca he hecho ésto y estoy seguro de que duele demasiado. Y lo mejor es que me da igual, porque quiero hacerlo.

Harry me acaricia la espalda con una mano mientras con la otra coge mi miembro. La mezcla de excitación y miedo es explosiva.
Respiro hondo y espero.
Siento su punta en mi entrada y me doy cuenta de que va a ir directo, sin preparación. Otro escalofrío me recorre.

- Si te hago daño dímelo, pararé.

Yo asiento, aunque sé que no lo haré, ni en broma.
Haz respira y entra poco a poco, despacio.
Yo grito, me duele, me duele mucho.
Me agarro al cojín que tengo enfrente y Harry me abraza por encima dándome seguridad. Recorre toda mi espalda con besos y embiste despacio.

Dolor. Miedo. Placer. Ansia. Todo junto.
Escucho a Harry gritar y eso me excita más; comienzo a pillarle el gusto a todo ésto.

- Harry... - digo entre gemidos - Más rápido, por favor.

Me hace caso y comienza a embestir más rápido, quizás demasiado. Puedo comprobar en cada embestida que tiene ganas, porque está empezando a pillar una velocidad increíble.
Una embestida más. Y otra, y otra.
Y siento que me voy a morir en este instante, pero no me importa morirme de esta manera.

- Ahhhh...me voy a venir...

- ¡Joder! - grita Harry - Aguanta un poco y lo hacemos juntos.

Le regalo un gemido como respuesta y aguanto el máximo posible hasta venirnos juntos.
Pondría la mano en el fuego de que nuestro orgasmo se ha escuchado en toda la calle. Y también pondría la mano en el fuego y diría que éste ha sido el mejor polvo de mi vida. Sí, con un tío. Sí, con Harry.

Cuando por fin su cuerpo para de temblar, sale de mí y un último suspiro escapa de mi garganta.
Me doy la vuelta y me quedo tirado en el sofá mirando al techo, recuperando un ritmo de respiración normal.
A los pocos segundos, Harry se tumba encima mía. Me da un beso, quizás el menos brusco de todos y me susurra:

- Jones, espero que sepas a quién acudir cuando estés falto de cariño.

- Tengo muy claro a quién llamaré. - le respondo riendo.

- Eso espero. - dice mordiéndome la oreja - Ah, y ésto a nadie. Como digas algo te la corto.

- No harás eso. Si lo haces, ¿quién te hará disfrutar la próxima vez?

- Tienes razón.

Ambos sonreímos y nos quedamos ahí, pegados.
Cuerpo con cuerpo. Sudor con sudor. Sustancia con sustancia.
Qué más da si ahora llega Tom y nos echa la bronca por manchar su sofá, lo que ha pasado es algo que supera el límite del placer y la felicidad.

Y pensar que todo ésto ha sido gracias a Dougie...ahora quiero al enano un poquito más.